La nostalgia de los tiempos idos que ya no volverán. Por alguna razón la nostalgia es casi adictiva para las personas. ¿Qué será que volvemos con tanta insistencia a este sentimiento que es de naturaleza tan triste en realidad?
El Lago recuerda aquella bella e inolvidable noche en que la Luna se entregó a él con tanta intensidad que él creyó que la tenía para siempre, que no iría jamás. La confusión fue entendible, pues el Lago sólo tuvo naufrago entre sus aguas al reflejo de la Luna llena proyectado sobre él. ¡Que desdicha constatar el error! ¡y que amarga la pena de recordar sus ilusiones ahora destrozadas, en esta noche en que ya no hay Luna ni reflejos, solo el recuerdo de este bello amante ausente (constatad que en idioma alemán, la Luna es una palabra de genero masculino).
¿Será que la nostalgia es la constatación de que en realidad hemos sido felices, quizá no para toda la vida (pues nada dura toda la vida… a veces ni siquiera la vida misma), pero sí en el momento? Quizá volvemos a la nostalgia una y otra vez pues sospechamos que ahí está la verdadera clave de la felicidad, que se esconde, o más bien, se expresa, en el momento mismo. Quizá es la nostalgia una esperanza, de que la felicidad existe, y que la hemos visto pues ha tocado nuestra puerta antes, y que quizá lo está haciendo ahora mismo, si somos capaces de vivir el momento.